03 junio, 2007

De espaldas y mirando el cielo...

“El ciruelo de mi cabaña / No pudo evitarlo / Floreció”
(Haiku de Issa)



Me ves y te veo... aunque no lo sepas.

Cuando te acercas te puedo ver perfectamente. Es como al principio, cuando dormías y te podía contemplar sin apuro; así como el artista ama a su modelo con tan solo mirarla.

Puedes estar tranquila ahora. Lo que pasó solo será un misterio para los curiosos que aún mencionan el suicidio como la causa; porque los conocidos y desconocidos que en este instante nos rodean pueden suponer, sin temor a equivocarse, que una decisión como esa no sería tan descabellada.

Si pudiera, te volvería a repetir que nunca me gustaron los cinismos ni las grandes aglomeraciones, y que estos eventos me sofocan aún más que el simple hecho de estar de espaldas y mirando el cielo, teniendo que recibir los «por qué» de los invitados, sabiendo que tarde o temprano nos volveremos a ver. Y qué bueno, porque aunque no te ves muy preocupada, sé que algún día estarás a mi lado nuevamente.

Admiro tu frialdad, consecuencia de tu nerviosismo, porque sabes que cualquier error te significaría una vida en la cárcel o, quizá, en una clínica donde mis últimos gritos no te dejarían dormir; así como no dormiste ayer, cuando la histeria se apoderó de tus manos y apuntaron hacia mí.

Si pudiera te volvería a decir “Te amo”... si tan solo pudiera salir de este cajón.


(") 

4 comentarios:

mi otro yo dijo...

Hola
Qué bueno que volviste a publicar así, que lindo me resulto leerte.

Te dejo un beso

The queen of machines dijo...

Como yo lo predije: le tenían que venir a dejar un beso..

Para el Lázaro que vuelve a levantarse,le dejo un regalo
http://blogs.diariovasco.com/media/flor%20ciruelo%20(2).jpg

(copie el link, ya aprenderé a dejar el vínculo de buena forma)

The queen of machines dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Larcos dijo...

ñoño

La altura del puente Apablaza

Yo no te quiero de querer, Te quiero de querer. –Quizá esa es la promesa de tu muerte– dijiste mientras acariciaba tu vestido blanco de seda...