Te quiero de querer.
“Quizá esa es la promesa de tu muerte”, dijiste
mientras acariciaba tu vestido blanco de seda suave y tú, en mis brazos.
Muchas butacas vacías,
muchas escaleras,
alturas.
¿Qué haremos mañana con nuestro vacío?
Con todos esos espacios que los llenó la distancia.
“Esa es la promesa de tu muerte”, dijiste
mientras contaba que ya no estás en mis brazos.
Butacas vacías,
alturas,
vertigo.
Son capaces de amarse en el escenario
Aun cuando quizá tendrán, vidas diferentes
“Esa es la promesa”, dijiste
mientras trataba por todos mis medios tomar tu mano.
caigo,
contigo.